GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS, PLÁCIDO (1809-1844, Cuba)

Introducción

Breanna Dworak, Maggie Knesel, Talia Zook y Taylor Alarcón, eds.


La flor de la caña

Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido)

Gabriel Concepción Valdés (Plácido). Imagen disponible en Wikimedia Commons.

Gabriel de la Concepción Valdés, que siempre usó el seudónimo Plácido, es uno de los poetas más conocidos del cubano. Nació en 1809 en La Habana, Cuba como hijo ilegítimo y fue abandonado en un orfanato denominado Casa de Beneficencia y Maternidad (Sharpe 545). Durante su adolecencia, trabajaba como aprendiz de tipógrafo y luego como labrador de peinetas de carey (Casals 14-15). Su vida era difícil porque era pobre. Aunque era un hombre libre, Plácido fue mulato[1] y sufrió discriminación por su identidad racial, así que luchó contra las divisiones raciales en la Cuba colonial (Fernández 16).

La esclavitud en Cuba durante el siglo XIX se basaba en esclavos africanos traídos a la isla para trabajar en la industria del azúcar. Todavía bajo la corona de España, Cuba era importante porque fue un puerto del comercio de tabaco y tuvo un lugar estratégico para las armadas españolas. La caña de azúcar apoyaba las economías locales de las ciudades cubanas de La Habana, Bayamo y Santiago (Bosma y Curry-Machado 241). Cuba fue uno de los últimos países de abolir la esclavitud, que no se cumpliría hasta 1888. Entre 1836 y 1843, Plácido hacía frecuentes viajes por muchas partes de Cuba, y escribió poemas sobre la libertad. Por eso, Plácido fue acusado de participar en una rebelión de esclavos que se llamaba la Conspiración de la Escalera;[2] la evidencia sugiere que fue uno de los organizadores principales del movimiento (Finch 119-21). Plácido fue sentenciado a la muerte por fusilamiento en 1844, y mientras se ejecutaba la sentencia, recitó su «Plegaria a Dios», que llegó a ser uno de sus poemas más famosos.

Aunque murió muy joven, la poesía de Plácido siguió siendo popular en Cuba a lo largo del siglo XIX. Había publicado su primer libro en el año de 1838, el cual se llama Poesías de Plácido, y el segundo libro, Poesías escogidas de Plácido, en 1842 (Sharpe 545). La literatura de la primera mitad del siglo XIX, cuando Plácido escribía, es marcada por el romanticismo, un estilo literario y artístico en el que se enfatizan, de manera exagerada, las experiencias emocionales y, en las Américas, la esperanza del porvenir (Yáñez 10-11). Fue un autor muy prolífico y además de su poesía, publicó otros textos como fábulas, epigramas, elegías, anacreónticas, epístolas, odas, y leyendas. Ha estado entre los poetas de mayor aceptación popular entre los escritores cubanos del siglo XIX.

En la poesía de Plácido se ve la influencia de los grandes autores de la tradición española, tanto por los temas de amor y religión como por las estructuras literarias como el y el . Pero su obra también se influyó por las tradiciones orales y musicales de la isla de Cuba. Plácido compuso muchos poemas de carácter popular y para las fiestas familiares, y narró muchas improvisaciones. («Gabriel de la Concepción Valdés “Plácido” (1809-1844)»). La tradición de cantar versos espontáneamente como se hace en el Punto cubano y otros estilos similares de música campesina, frecuentemente con versos octosílabos, tiene raíces en varias tradiciones orales del siglos XV y XVI, como ha demostrado la investigación de Maria Teresa Linares. Un género literario que sigue esta tradición son las .[3] Como muchos géneros literarios, las letrillas tienen una fuerte conexión con la oralidad y la música. Plácido escribió varias letrillas alrededor de 1840 que tienen como [4] el nombre de una flor, entre ellas «La flor de la caña».

 


  1. Un término racial empleado en el caribe hispánico para identificar a una persona de ascendencia africana y europea.
  2. La Escalera recibió su nombre porque los supuestos conspiradores fueron atados a escaleras para ser torturados hasta confesar su participación en la rebelión(Finch 1).
  3. Composición poética de versos cortos que suele ponerse en música; composición poética, amorosa, festiva o satírica, que se divide en estrofas, al fin de cada una de las cuales se repite ordinariamente como estribillo el pensamiento o concepto general de la composición, expresado con brevedad. («Letrillas»)
  4. Estribillo: Expresión o cláusula en verso, que se repite después de cada estrofa en algunas composiciones líricas («Estribillo»).

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