El cazador

Bailey Caudle, ed.

El sol vierte su lumbre

En nubes de oro y grana,

La tierra se engalana

Vestida de verdor.[1]

Con traje caprichoso,

De su perro seguido,

Sale al campo florido

El bello cazador.[2]

 

Lleva provisto el cinto

Que ancha hebilla sujeta

Y al hombro su escopeta

De las aves terror.

Las auras matinales[3]

Agitan el cabello

Que flota sobre el cuello

Del bello cazador.

 

Todo es vida en el campo,

Todo placer y amores,

Perfumes dan las flores

Y el céfiro frescor:

Sobre el caliente nido

Cantan himnos las aves,[4]

Mientras con pasos graves

Se acerca el cazador.

 

Ajenas del peligro

Desplegan ya sus alas

Que ignoran de las balas

El silvo aterrador:

Y una blanca paloma

De su belleza ufana,[5]

En torno gira insana

Del bello cazador.

 

Mil círculos trazando

Cual leve mariposa,

Ya vuela caprichosa,

Ya para sin temor.[6]

De un árbol a otro cruza

Allá en el bosque umbrío

Mientras la acecha impío,

El bello cazador.

 

Con amoroso arrullo

A su consorte llama

Columpiada en la rama

De un verde sicomór.[7]

Mas ¡ay! que cuando gime

Y al dulce amor convida,

Vacila y cae herida

Del bello cazador.

 

Con su inocente sangre

La verde yerba baña,

Y sin piedad ni saña

La mira el matador:

Que en pós de otra victoria,

Al hombro la escopeta,

Sigue su marcha inquieta

El bello cazador.

 

En tanto allá aparece

Del bosque en la espesura,

Blanca y triste figura,

Fantasma seductor:

¡Y es Elmira!… La Elmira[8]

Cual tierna desgraciada,

Amante abandonada

Del bello cazador.

 

Marchita está la rosa

De su blanca mejilla

Y en su mirada brilla

La llama del amor:

Con paso vacilante

Llega la triste Elmira

[9] la víctima espira

Del bello cazador.

 

Y estrechando á su pecho,

Al ave moribunda

Con lágrimas la inunda

Le dice con dolor:[10]

—«Paloma sin ventura,

Igual es nuestra suerte,

Pues causa nuestra muerte

El bello cazador.[11]

 

De su mano tirana

Recibes honda herida,

Y devoró mi vida

La llama de su amor.

Débiles, confiadas,

Perdiónos la inocencia,

E hirionos sin clemencia

El bello cazador.

 

Bajo ese verde aliso

Cual lo eras tú, dichosa

En noche silenciosa

Me trajo mi candor:

Y oyeron estos valles,

Y oyeron estos vientos,

Los tiernos juramentos

Del bello cazador.[12]

 

¿Ves, Elmira, ese cielo

Inmenso?, me decia;

Pues es, amada mia,

Mas inmenso mi amor.

No cria abril mas hojas

En bosques ni florestas

Como suspiros cuestas

Al tierno cazador.

 

Mis astros son tus ojos

Y es tu aliento mi brisa,

Me embriaga tu sonrisa,

Me mata tu rigor.

No deseches, bien mio,

El alma que te entrego.

Escucha, Elmira, el ruego

El triste cazador.

 

Como eres hechicera

Sé, Elmira, compasiva,

Si quieres ¡ay! que viva

Concédeme tu amor.

Así me hablaba, y luego

Con pérfidos abrazos

Me aprisionó en sus brazos

El bello cazador.

 

Y soñando venturas

Pasó la noche umbría,

Llevando mi alegría,

Dejándome dolor.

Y pasaron con ella

Los halagos traidores…

¡Pasaron los amores

Del bello cazador!

 

Que como á tí paloma

De crudo golpe herida,

Dejóme el homicida

Con bárbaro rigor.

Otros pechos buscando

Donde sembrar la muerte,

Que en esto se divierte

El bello cazador.

 

Cedamos, pues, cedamos

A un destino cruento,

Que sirva de escarmiento

Y ejemplo aterrador.

Y que aves y pastoras

Al ver nuestro destino

Se aparten del camino

Del bello cazador.—[13]

 

Dice la hermosa Elmira,

Y el célico[14] semblante[15]

Se cubre en un instante

De lívido color.

La muerte con sus alas

Ya nubla su alba frente

Y aun nombra dulcemente

Al bello cazador.

 

En busca de su presa

Ya vuelve el inhumano,

La escopeta en la mano

Cubierto de sudor:

Y bajo el sicomoro

Al ave y á su Elmira

Al mismo tiempo mira

Morir el cazador.[16]


  1. Personificación del medio ambiente; es una característica del Romanticismo.
  2. La repetición de “bello cazador” por todo el poema puede representar la presencia continuada pero no querida del amante.
  3. Personificación de la luz es característica del Romanticismo.
  4. La imagen de un ambiente paradisiaco contrasta con las descripciones oscuras del cazador.
  5. El ave blanca representa la inocencia, y supone una alegoría de la pureza religiosa.
  6. Otra imagen típica de la inocencia en el Romanticismo.
  7. Un árbol usado para representar el árbol de la vida, en la Biblia y otros mitos.
  8. “Elmira” significa “princesa” en la lengua árabe, la cual tuvo una gran influencia en el castellano de España en el periodo que la autora vivió.
  9. Donde
  10. Aquí empieza el monólogo de Elmira, dirigido a la paloma herida por el cazador.
  11. Elmira se compara con la paloma moribunda, pues a ambas las mató el cazador (la paloma literalmente, y a Elmira figurativamente).
  12. El amor y el amante como fuerzas naturales.
  13. Fin del monólogo de Elmira.
  14. celestial, divino
  15. cara, rostro
  16. Imagen intensa que describe la crueldad e intencionalidad del cazador.

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El cazador by Bailey Caudle, ed. is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International License, except where otherwise noted.

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